Si pudiera, abrazaría, uno por uno, esos los árboles que son los años y la memoria,
sepultaría el horror que dejaron mis pasiones, en el paso juvenil después de la encrucijada,
regresaría de mi estruendoso viaje, para adquirir la forma de algo muy parecido al silencio,
haría de las mañanas una corriente de agua, capaz de liberar la ansiedad, la obsesión y la belleza.
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