
Un porro sinuano una flauta ´e millo un violonchelo en la montaña
o una voz (precisamente como la tuya) que regresa de un lugar que no conozco.


La historia ocurre en un teatro de barrio. Un actor que olvida su papel. Es un personaje secundario que hace su entrada sólo al final de la obra, con la responsabilidad de darle sentido a una confusa trama contemporánea."Me lanzé al agua, y después recordé que no sabía nadar",dice el parlamento del protagonista, para darle paso a la única intervención de nuestro personaje. Todo el reducido público queda suspendido de un eterno e incómodo silencio en el que sólo caben las angustias, las preguntas, los bostezos y todas las vidas de los asistentes resumidas en el segundo previo a un suspiro. Una taza de café se derrama. Un penetrante dolor taladra la cabeza del portero. El único reflector de luz titila por un instante, sin que nadie lo recuerde. Los repetidos pasos del director ebrio, escondido en un sucio camerino, se escuchan en todo el barrio. Un gato displicente cruza la calle. El frío asesino hace su ronda nocturna y cubre la inútil rutina de una ciudad que se resiste a dormir el sueño de una promesa no cumplida. En ese momento -y porque toda su desgracia es una cosa material que cubre el penoso recorrido desde el bajo vientre hasta su ser más interior- nuestro personaje (que ya olvidó su papel y no le interesa recordarlo) dice:
"No me voy a quedar. Voy a caminar, otra vez, las calles que conozco. Voy aDicho esto, toma su abrigo, camina la platea rumbo a la puerta de salida, abandona el teatro y con él la ciudad y todo su pasado.
componer una canción. Voy a agradecer el tiempo, las palabras, el contacto de la
piel. Tengo ganas de meterme en un cine contigo, para volver al lugar donde comienza el regreso: una fiesta al amanecer, una sombra y otra sombra, la noticia del olvido".
Conduzco mi automóvil por una carretera en subida muy quebrada, llueve mucho, ruedo en medio de una larga fila de carros y la visibilidad es bastante deficiente. De un momento a otro siento mucho frío en la cara, tengo ganas de toser, los huesos de mis dedos creo que se congelan, pienso en la hipotermia. Después me doy cuenta que mi espalda está mojada, por lo tanto helada. Pero también mis piernas, al punto de no sentirlas. Experimento un infinito cansancio. Comienzo a sentirme desvalido. Transcurre un segundo de angustia. Al cabo de ese tiempo, lo entiendo todo. Dejé de conducir mi automóvil. Ahora estoy en la vía, manejando con un control remoto un carro igual al mío pero a escala. Camino detrás de él aunque también me veo a mí mismo en su interior. Ya no me interesa el frío, ni la lluvia ni la hipotermia. Me esfuerzo por dar cada paso, me fatigo, el aire frío llena mis pulmones... me siento bien, me agrada el aspecto que tengo, me gusta poder ver desde arriba cómo hago las cosas, qué lugar ocupo y qué tipo de realidad es la que me rodea cuando conduzco mi automóvil desde su interior... todo lo que existe afuera y ahora puedo ver.
En una conferencia a la que asistí sobre arte y sicoanálisis (el yo, el super yo y el ello) el especialista se refirió a una obra en la que se registran los rostros de los espectadores frente a la pantalla de cine. Como decir que la obra deja de ser la obra para convertirse en los que ven la obra. Así la obra no importa, desaparece. Podemos suponer entonces la cámara de la cámara, lo que se ve en los ojos de los que ven. Ver lo se ve desde los que ven, sin ver lo que ven. Como lo presenta Godard cuando se refiere a los ojos y a los labios en Alphaville http://www.youtube.com/watch?v=SHikpdf8ktM&NR=1 Aparece la imagen de la imagen. Cuando la imagen se convierte en la voz, la voz que sólo le pertenece al que ve. Al testigo del crimen, al que pasaba por ahí. ¿No somos acaso, y solamente, lo que vemos? Por ese motivo el interés que tengo en la voz, en los ojos y también en la espalda de aquellos que ven y que por algún morboso placer me intereso en recuperar.Obtengo un realismo teatral. También el teatro es un bloque que no podemos
retocar. El realismo, de todas formas, no es nunca lo verdadero, y el del cine
está obligatoriamente trucado. Me acerco al teatro también por la palabra: en mi
film hay que oír hablar a la gente, tanto más cuanto que, a menudo, los
personajes están de espaldas, de tal forma que sus caras no nos distraen. En
cuanto al sonido, es lo más realista posible. Me hace pensar en el de los
primeros films sonoros. Siempre me ha gustado el sonido de los primeros films
parlantes: tenía algo muy verdadero porque era la primera vez que se oía hablar
a la gente.
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| Foto: Germán Sánchez Pardo |


2.400 norteamericanos murieron en el ataque japonés a la base militar de Pearl Harbor.
2.595 vidas desaparecieron el 11 de septiembre de 2001 en las torres gemelas del World Trade Center.
3.000 chilenos fueron asesinados durante la dictadura militar del General Augusto Pinochet.
26.000 seres humanos, entre hombres, mujeres y niños murieron sepultados bajo el manto de lodo que dejó la erupción del Volcán-Nevado del Ruiz en Armero.
170.000 víctimas cobraron las bombas de Hiroshima y Nagasaki (120.000 en Hiroshima y 50.000 en Nagasaki).
288.000 almas apagó el tsunami de 2004 en el Océano Índico.
300.000 colombianos, entre liberales y conservadores, murieron durante el período de la Violencia.
No se sabe con exactitud cuántos españoles murieron durante la guerra Civil Española, (se habla de 500.000 pero también de 1.000.000).
6.000.000 de judíos murieron durante la Segunda Guerra Mundial.
38.000.000 de humanos, entre civiles y militares, fueron exterminados durante la Segunda Guerra Mundial.

Vivimos ausentes en un mundo que parece nuestro pero que en realidad no
conocemos, sentimos que hemos crecido y la verdad no sabemos quienes somos,
hacemos todos parte de un mundo en el que se anda enmascarado por temor a
expresar la verdad, buscamos una salida que nos lleve a una existencia
tranquila
y terminamos enredados con nuestra propia cuerda, la pisamos sin
darnos cuenta,
la recogemos sin reconocerla y la olvidamos sin entenderla.(Santuario de Flora y Fauna de Iguaque, Boyacá)